Iba a ser el viaje de mi vida: una semana en un hotel de cinco estrellas en El Caribe con vistas al mar. Una semana de sol, relax y sexo con mi supernovio en aquel momento. Mientras tachaba en el calendario los días que faltaban para el vuelo, mi emoción crecía y crecía. ¿Qué podría salir mal?Cuando llegamos al hotel, mi excitación fue instantánea. Siempre me había encantado el sexo en hoteles. Hay cierto morbo en el momento de descubrir una habitación impecable y hacerla tuya nada más entrar. Cuando vi nuestra suite por primera vez, ya me estaba imaginando cómo aprovechar todos los rincones y muebles para nuestro sexo vacacional.
Abusar de las sábanas no sería un problema, ya que habría nuevas cada día. Con este espíritu, bendecimos la cama, borrachos del cóctel de jetlag y adrenalina que era tan fuerte que nos hizo dormir del tirón durante diez horas. Cuando nos despertamos supimos que la verdadera diversión estaba a punto de comenzar.
Ya descansados, tuvimos sexo matutino y todo parecía perfecto. Sin embargo, cuando se retiró, miré y, para mi horror, descubrí que inesperadamente me había bajado la regla. No me tocaba hasta la semana siguiente así que no podía esperarme tal crueldad de la naturaleza. De repente, las sábanas blancas de algodón egipcio perdieron todo su encanto.
Siempre he tenido una actitud camaleónica en cuanto al sexo con la menstruación. Si a un amante no le gusta, yo no insisto. En cambio, si no le importa, a mí tampoco, aunque la mayoría de las veces no me apetece mucho, salvo si las ganas superan la incomodidad, claro. En la habitación del hotel, mi novio me aseguró que le daba igual y que nada iba a impedir que lo pasaramos bien, y que todavía haríamos todo lo que habíamos planificado.
Por supuesto que no era la primera vez que teníamos sexo con la regla, pero el hecho de que hubiésemos esperado aquellas vacaciones durante mucho tiempo era lo que más molestaba. Inicialmente, quería poder despreocuparme de todo y que la habitación quedase hecha unos zorros. Sin embargo, a partir de aquella mañana, ya estuve atenta a no dejar marcas en las sábanas y las toallas blancas. El periodo nos limitó en cuanto a las posturas y la espontaneidad. Por suerte, contar con una ducha grande de hidromasaje era una gran ventaja.
A pesar de no sentirme muy sexual durante "esos días", reconozco que el orgasmo es uno de los mejores calmantes que conozco para el dolor. Cuando estoy sola, dependo de la masturbación para aliviar el dolor. Hay personas que necesitan paracetamol, sin embargo con unas cuantas pilas tengo suficiente.
No todos mis novios han sido tan considerados en cuanto a este tema. Me acuerdo de otro en particular que era tan delicado con el sexo en esta situación que al ver rojo, se paraba todo. No insistí nunca por miedo a que se desmayara pero, curiosamente, cuando tenía la regla, él instauraba “la semana de la mamada”. En aquella época me resultó gracioso pero ahora cuando miro atrás me pregunto ¿por qué no insistí en tener la semana de cunnilingus... ? (sin regla of course).
Ya descansados, tuvimos sexo matutino y todo parecía perfecto. Sin embargo, cuando se retiró, miré y, para mi horror, descubrí que inesperadamente me había bajado la regla. No me tocaba hasta la semana siguiente así que no podía esperarme tal crueldad de la naturaleza. De repente, las sábanas blancas de algodón egipcio perdieron todo su encanto.
Siempre he tenido una actitud camaleónica en cuanto al sexo con la menstruación. Si a un amante no le gusta, yo no insisto. En cambio, si no le importa, a mí tampoco, aunque la mayoría de las veces no me apetece mucho, salvo si las ganas superan la incomodidad, claro. En la habitación del hotel, mi novio me aseguró que le daba igual y que nada iba a impedir que lo pasaramos bien, y que todavía haríamos todo lo que habíamos planificado.
Por supuesto que no era la primera vez que teníamos sexo con la regla, pero el hecho de que hubiésemos esperado aquellas vacaciones durante mucho tiempo era lo que más molestaba. Inicialmente, quería poder despreocuparme de todo y que la habitación quedase hecha unos zorros. Sin embargo, a partir de aquella mañana, ya estuve atenta a no dejar marcas en las sábanas y las toallas blancas. El periodo nos limitó en cuanto a las posturas y la espontaneidad. Por suerte, contar con una ducha grande de hidromasaje era una gran ventaja.
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Comparte este artículo con tus amigos en Facebook,y Twitter con los botones debajo de cada post.¡Gracias! ..Fuente/Por: Venus O’Hara/ Via EP /















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Pero que historia mas 'conmovedora bonita!!!!. humana, relajante y necesaria de 'contar' para que otras....asuman la moraleja de 'la linda historia de 'regla' en un crucero... QUE BONITA HISTORIA; SIGALA CONTANDO , MI HIJITA!!